Ahora atraviesa una restauración integral que incluye fachada, carpinterías, accesibilidad y nuevos espacios abiertos al público
En pleno corazón de Palermo, entre árboles centenarios y especies de distintos rincones del mundo, hay una construcción que llama la atención por su aspecto de pequeño castillo inglés. Es la histórica Casona del Jardín Botánico, un edificio de 145 años que guarda una particularidad: es anterior al propio Botánico.
La construcción fue levantada en 1881, casi dos décadas antes de que el público pudiera ingresar por primera vez al emblemático espacio verde porteño. Su historia, además, quedó estrechamente ligada a una de las figuras fundamentales en la transformación de Buenos Aires: Carlos Thays.
La Casona fue proyectada por el ingeniero militar de origen polaco Jordan Wysocki, quien había sido convocado por Domingo Faustino Sarmiento para participar en el desarrollo de grandes espacios verdes urbanos. Su particular fisonomía está determinada por los breves torreones ubicados en las cuatro esquinas, que le dan ese aire de castillo que todavía conserva.
Pero detrás de su apariencia pintoresca había una construcción pensada originalmente con criterios funcionales. En la planta baja se distribuían amplias salas de trabajo, mientras que en el nivel superior las habitaciones estaban comunicadas mediante grandes arcos, una solución que permitía integrar los ambientes y adaptarlos a diferentes usos.
Durante sus primeros años, la Casona tuvo distintos destinos vinculados con la administración pública y la cultura porteña. Hasta 1894 funcionó como sede del Departamento Nacional de Agricultura y durante los dos años siguientes albergó al Museo Histórico Nacional. Hacia el final del siglo XIX, el edificio pasó a ser sede de la Dirección de Paseos de la Municipalidad de Buenos Aires.
Fue entonces cuando quedó especialmente asociado a la figura de Carlos Thays, quien utilizó el edificio como lugar de trabajo mientras estaba al frente de la administración de los espacios verdes porteños. Desde allí participó de la planificación y transformación de parques y paseos que terminarían teniendo un papel decisivo en la fisonomía de Buenos Aires.
Durante décadas circuló, además, la versión de que Thays habría vivido en la Casona junto con su familia. Sin embargo, no existen registros oficiales que permitan confirmar que haya residido allí. Lo que sí está documentado es la estrecha relación profesional entre el edificio y el paisajista que dejó una profunda huella en la identidad verde de la Ciudad.
El Botánico abrió sus puertas en 1898
La historia de la Casona permite entender también que el edificio estuvo allí antes que el propio Jardín Botánico como espacio abierto al público. El 7 de septiembre de 1898, los porteños pudieron ingresar por primera vez al Botánico. Desde entonces, el espacio se convirtió en uno de los lugares más reconocibles de Palermo y en un ámbito destinado tanto a la conservación de especies como a la educación y el contacto con la naturaleza en plena ciudad.
Actualmente, la Casona funciona como sede de la Administración del Jardín Botánico y concentra áreas operativas, técnicas, educativas, ambientales y administrativas. Pero su historia arquitectónica no quedó detenida en el pasado.
En enero de este año, la Ciudad de Buenos Aires comenzó una restauración integral del edificio. La intervención comprende tanto el exterior como los espacios interiores y alcanza la planta baja, la planta alta y la azotea. Uno de los objetivos centrales es recuperar elementos originales de la construcción. Entre los trabajos previstos se encuentra la puesta en valor de las fachadas de ladrillo, las carpinterías originales y la histórica escalera.
La intervención también incorpora mejoras vinculadas con la accesibilidad. Una de las principales novedades será la instalación de un ascensor interior, que permitirá que el edificio pueda ser recorrido y utilizado por personas con movilidad reducida. El proyecto contempla además la reorganización de los usos internos para mejorar el funcionamiento de la Casona, la adecuación de los baños, la renovación de la iluminación y la incorporación de nuevo mobiliario en la planta alta.
Pero la recuperación no apunta solamente a conservar el edificio. La propuesta incluye la creación de espacios comunes de uso abierto y un sector destinado a un café, con la intención de ampliar las posibilidades de encuentro y permanencia dentro del Jardín Botánico.
La intervención alcanza además uno de los espacios de circulación más importantes del Jardín: su sendero principal. El antiguo camino estaba compuesto por granza, una piedra partida de pequeño tamaño que no ofrecía una superficie adecuada para las personas con movilidad reducida. La nueva materialidad busca generar un recorrido estable, continuo y seguro, de acuerdo con criterios de accesibilidad universal.
Así, la recuperación de la Casona forma parte de una intervención más amplia que busca actualizar el uso de uno de los espacios verdes más emblemáticos de Palermo sin perder de vista su valor histórico. A 145 años de su construcción y casi 128 años después de la apertura del Jardín Botánico al público, aquella construcción que alguna vez fue oficina, museo y lugar de trabajo de Carlos Thays vuelve a ocupar un lugar central.
Esta vez, con una restauración que busca que el pequeño “castillo” de Palermo no sólo conserve su historia, sino que también pueda ser disfrutado por más personas y tenga nuevos usos dentro del Jardín Botánico.


