Palermo refuerza su red pluvial ante el escenario de lluvias intensas asociado a El Niño

La Ciudad terminó una obra sobre la avenida Dorrego, entre Figueroa Alcorta y Del Libertador, con casi 300 metros de nuevos conductos
La intervención forma parte de un plan de 29 obras pluviales y se suma al operativo preventivo que prepara a Buenos Aires para episodios de lluvias intensas

Palermo acaba de sumar una nueva intervención destinada a mejorar el funcionamiento de su infraestructura pluvial. La Ciudad finalizó la reparación de la red ubicada sobre la avenida Dorrego, entre las avenidas Figueroa Alcorta y Del Libertador, un corredor de intenso movimiento que atraviesa uno de los sectores más activos del barrio.

La obra incorporó 293 metros lineales de nuevos conductos, además de la readecuación de dos módulos de sumideros y la instalación de seis bocas de registro. Más allá de la dimensión de los trabajos bajo tierra, el objetivo es concreto: recuperar capacidad de evacuación de agua y facilitar el mantenimiento de una red que debe responder especialmente cuando las lluvias se concentran en poco tiempo.

La intervención adquiere particular importancia ante el escenario meteorológico que la Ciudad está tomando como referencia para los próximos meses, asociado a la posible presencia de un fenómeno de El Niño de fuerte intensidad. Los episodios de precipitaciones intensas constituyen uno de los principales desafíos para una ciudad densamente urbanizada, donde la velocidad con que el agua llega a los conductos puede determinar que una calle permanezca transitable o se convierta momentáneamente en un punto de acumulación.

Los trabajos sobre Dorrego comenzaron en abril y fueron definidos a partir de un diagnóstico técnico de la infraestructura existente. Ese relevamiento permitió detectar obstrucciones que estaban reduciendo el funcionamiento hidráulico de algunos conductos. La solución incluyó el reemplazo de los tramos afectados y la modificación de las cámaras existentes. También se incorporaron nuevas bocas de registro, que cumplen una función menos visible pero fundamental: permiten ingresar a la red para realizar tareas de limpieza, inspección y desobstrucción.

Para los vecinos, buena parte de esta infraestructura permanece literalmente fuera de la vista. Sin embargo, su funcionamiento se vuelve evidente cuando una tormenta descarga grandes cantidades de agua sobre calles y avenidas en pocos minutos. En ese sentido, la obra de Dorrego no debe analizarse solamente como una intervención localizada. Forma parte de una estrategia más amplia de mantenimiento y ampliación de la capacidad de respuesta de la red pluvial porteña.

La intervención de Palermo integra un programa de 29 obras pluviales previstas por el Gobierno porteño para este año. Dentro de ese conjunto hay 20 intervenciones consideradas de mayor escala. De ellas, 13 ya fueron terminadas, dos se encuentran próximas a finalizar y otras cinco están programadas. A ese grupo se suman seis obras específicamente destinadas a la limpieza y desobstrucción de conductos y tres intervenciones integrales, una de las cuales ya fue completada y las otras dos se encuentran próximas a su finalización.

El dato permite entender que la infraestructura contra las inundaciones no depende solamente de construir nuevos conductos. Limpiar, inspeccionar y mantener los existentes también es parte de la capacidad de respuesta de la ciudad frente a una tormenta. Una red con conductos de mayor capacidad puede perder buena parte de su eficiencia si los sedimentos, residuos u obstrucciones reducen el espacio disponible para la circulación del agua.

Dentro de este esquema también avanza una intervención de gran magnitud sobre el arroyo Cildañez, uno de los cursos de agua que atraviesan la Ciudad actualmente entubados. La limpieza permitirá retirar más de 37.000 metros cúbicos de sedimentos acumulados en el sistema. El objetivo es recuperar capacidad de circulación y mejorar las condiciones de funcionamiento de esta infraestructura subterránea.

Aunque el Cildañez se encuentra fuera de Palermo, la obra forma parte de una cuestión que atraviesa a toda Buenos Aires: gran parte del sistema de drenaje de la ciudad se encuentra debajo de calles, avenidas y espacios públicos, y su funcionamiento resulta determinante cuando se producen precipitaciones extraordinarias.

La preparación tampoco termina con las obras de infraestructura y cuenta con un esquema preventivo que se activa de acuerdo con los niveles de alerta meteorológica y combina el seguimiento de las zonas consideradas de riesgo con el despliegue de equipos en distintos puntos porteños. El operativo contempla 177 puntos de observación distribuidos en las 15 comunas. De ellos, 83 corresponden a ubicaciones fijas, principalmente pasos bajo nivel y puentes, mientras que otros 94 son puntos dinámicos en los que se verifica el estado de desagües, estaciones de bombeo y posibles acumulaciones de agua.

La coordinación se realiza desde el Centro de Operaciones de Emergencias de Defensa Civil, que articula la intervención de diferentes organismos porteños cuando las condiciones meteorológicas requieren una respuesta territorial. Para Palermo, un barrio con grandes avenidas, numerosos espacios verdes y una intensa circulación vehicular y peatonal, este esquema adquiere especial relevancia durante los episodios de lluvia fuerte.

La obra de Dorrego pone nuevamente en escena una infraestructura que normalmente permanece invisible para los vecinos: la red que recibe el agua que cae sobre calles, veredas, avenidas y espacios públicos y la conduce fuera de las zonas urbanizadas. En una ciudad completamente consolidada como Buenos Aires, ampliar la capacidad de drenaje no siempre significa solamente construir nuevos grandes conductos. También implica detectar puntos débiles, reemplazar tramos deteriorados, liberar conductos obstruidos y garantizar que la red pueda ser inspeccionada y mantenida.

Los casi 300 metros renovados en Dorrego responden precisamente a esa lógica. Mientras Palermo se prepara para los meses de mayor actividad de tormentas, la infraestructura que queda debajo de la ciudad vuelve a convertirse en protagonista. Esta vez, sin embargo, la expectativa está puesta en que su funcionamiento se note justamente cuando menos se lo percibe: cuando llueva mucho y el agua pueda encontrar rápidamente por dónde irse.

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